CONVENT DE

SANT ANDREU

SANT GUIM DE LA RABASSA

Descubre cómo un conjunto arquitectónico con siglos de historia renacerá como un espacio único para proyectos audiovisuales y eventos.

A solo 1 hora de Barcelona, tradición y modernidad se fusionan en un escenario singular, lleno de carácter y posibilidades.

CONVENT DE

SANT ANDREU

SANT GUIM DE LA RABASSA

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A solo 1 hora de Barcelona, tradición y modernidad se fusionan en un escenario singular, lleno de carácter y posibilidades.

Mil años de historia viva entre piedra, fe y resistencia

La historia

De fortaleza feudal a refugio espiritual

El viaje del Convento de Sant Andreu comienza en el corazón del siglo XI, cuando en esta estratégica colina se erigía el Castell de Sant Guim de la Rabassa. Fortaleza militar, casa señorial y símbolo del poder feudal, este castillo fue testigo del paso de condes, linajes nobles como los Cardona, Merlès y Sacirera, y hasta de revueltas campesinas.

Fotografia per Antoni Gallardo i Garriga. 1931 · Font: AFCEC.

ANC1-167-T-5986-314 Doc 27

El legado de Francisca de Calders y el nacimiento del convento

Tras siglos como residencia nobiliaria, el siglo XVII marcó un giro inesperado. El último latido de la nobleza local, en manos de Francisca de Calders, legó el lugar a la Companyia de Jesús con una condición: construir un convento. Así, en 1736, las piedras medievales dieron paso a un conjunto monumental: una iglesia barroca, un convento funcional y una conexión reformada con el viejo castillo.

De fortaleza feudal a refugio espiritual

El viaje del Convento de Sant Andreu comienza en el corazón del siglo XI, cuando en esta estratégica colina se erigía el Castell de Sant Guim de la Rabassa. Fortaleza militar, casa señorial y símbolo del poder feudal, este castillo fue testigo del paso de condes, linajes nobles como los Cardona, Merlès y Sacirera, y hasta de revueltas campesinas.

Fotografia per Antoni Gallardo i Garriga. 1931 · Font: AFCEC.

ANC1-167-T-5986-314 Doc 27

El legado de Francisca de Calders y el nacimiento del convento

Tras siglos como residencia nobiliaria, el siglo XVII marcó un giro inesperado. El último latido de la nobleza local, en manos de Francisca de Calders, legó el lugar a la Companyia de Jesús con una condición: construir un convento. Así, en 1736, las piedras medievales dieron paso a un conjunto monumental: una iglesia barroca, un convento funcional y una conexión reformada con el viejo castillo.

Del silencio de los monjes al murmullo escolar

La expulsión de los jesuitas en 1767 convirtió este espacio en escuela. Las aulas del convento fueron el primer contacto con la cultura para generaciones de niños de la comarca. El lugar, que albergó oración y estudio, fue también hogar de maestros y vecinos.

Retablo desaparecido. Fotografía realizada en 1924. · Fuente: BNC, Fondo Fotográfico Salvany.

Tiempos convulsos: guerra, abandono y resistencia

Durante la Guerra Civil, el convento fue ocupado por milicias, almacenó armas y se salvó milagrosamente de los bombardeos. Aunque el castillo cayó en ruinas y el retablo barroco desapareció, la estructura resistió. A lo largo del siglo XX, el conjunto acogió humildes familias trabajadoras, manteniéndose como núcleo vivo del pueblo.

Un patrimonio en transformación

Hoy, el conjunto de Sant Andreu vive una nueva etapa. Se iniciarán las restauraciones con el cambio de manos y será objeto de estudio, conservación y puesta en valor. Las estancias volverán a respirar historia. Las piedras hablan. Y cada rincón espera a quien quiera escuchar su milenaria narración.

Ortofotografías Históricas ICGC